miércoles, 12 de febrero de 2014

A la Tienda de un Ojo Viejo



La ciudad se vuelve monótona cuando uno lleva viviendo años en ella, las calles iguales, el transito igual y todo es igual, hasta que una lucecita hace –chiiin- en medio de la noche, que noche!

Fui a comprar en una tienda de fotografía lo que me faltaba de material para mi trabajo, me atendió un señor adulto mayor, de años extendidos y de cabeza blanca, con unos ojos azules grandes muy elegantes y serviciales… le pregunte sobre un trípode y unos filtros solares, “Te los indico enseguida” me dijo, mientras íbamos abriendo los diferentes diseños empezamos a intercambiar otro tipo de ideas más personales en cuanto a la fotografía y me habló sobre la mujer, lo más profundo en sus archivos fotográficos fueron los desnudos de mujeres, y se refirió a la mujer “…como el tabernáculo humano donde se gesta la vida”, viudo de 3 meses, enamorado todavía de aquella quien fue templo de belleza para él.

Escucharlo hablar es como sentarse al lado de una hoguera, con una taza de chocolate caliente, que hombre más ilustrado, su prosa como deletreo de antiguas bibliotecas, que magistral conversación. “Quien llega a beber de las aguas profundas de la belleza es difícil que sacie su sed, yo todavía la extraño, pero he optado por apasionarme con alguna simpleza diaria, para poder vivir el resto del mundo fuera de ella”, y la pregunta se queda todavía en el aire, que poder más exquisito ha concentrado la hermosura de formas perfectas en el cuerpo de la mujer?, la profundidad de la fecundidad y el oasis de paz y dulzura que a orillas de un canto o arrullo de media noche se puede encontrar, aguas de vida sin duda.

-Cuanto llevas de fotógrafa Carolina?-  Muy poco le contesté, apenas unos meses, he buscado las formas de expresar y contar cosas que vivo o pasan, a veces las escribo, pero en ocasiones resultan muy tajantes las letras, quisiera algo más simple y a la vez más profundo, que tuviera más matices y mayor rango de expresión, así encontré la fotografía y ha sido un tobogán de alegrías encontrarla, se sonrió, con lo que entendí lo emparejados que estábamos en los conceptos, me expreso sus obsequios de vida a través de la fotografía, y después de al menos unos largos minutos conversamos como dos desconocidos que por experiencias parecían hermanos de años.

Que placer haber pasado por su tienda señor.

-Buenas noches y hasta pronto Carolina-
 
Carolina.

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